lunes, 2 de octubre de 2017

¿ERES UN BUEN CONSTRUCTOR? (1)






Amables lectores, hace dos semanas México fue sacudido por un  terrible terremoto. En nuestras pupilas quedan todavía las imágenes de los edificios que se derrumbaron como castillos de naipes. (1) En esta coyuntura, es natural que volvamos la mirada hacia quiénes levantan las estructuras donde los seres humanos vivimos y pasamos casi todo el tiempo de nuestra existencia. Y es derecho que a todos y cada uno  de ellos hagamos esta pregunta: ¿Eres un Buen Constructor?

Arquitecto o Ingeniero, porque ambos se necesitan y complementan: ¿Eres un Buen Constructor?

Permítanme enumerar lo que muchos creemos y esperamos de ustedes, desde la etapa previa en que se inician como estudiantes:


1. El Buen Constructor se prepara diligentemente para serlo. Esto como actitud de vida y desde el instante mismo en que ingresa a la Universidad. Las locuras de la adolescencia las deja atrás, pues es consciente de que gravísima responsabilidad tiene aquel que ha elegido las nobles carreras de Arquitectura o Ingeniería, y que de las obras que salgan de sus manos dependerán la seguridad y la vida de las personas e incluso el porvenir de su nación.  El Buen Constructor se aplica con tesón en el aprendizaje de las materias básicas de su ramo, pero no se conforma con ellas, antes bien investiga y se mantiene en actualización constante sobre normativas y avances tecnológicos para el mejor desempeño de su profesión.

Alguien preguntará por ahí si no soy demasiado radical con un muchacho de primer año. Y le respondo que quien no estudia de joven, menos lo hará de viejo. Y que aquel que encarga tareas y plagia exámenes, no será capaz de afrontar por sí mismo los más sencillos requerimientos de diseño y/o estructuras. Más claro: Sus obras serán humo y se desplomarán por mal cálculo y peor selección de material de construcción. ¿Acuso sin fundamento? Aparte de los sonados casos que todos conocemos, saco a colación una experiencia personal que puede ilustrar muy bien los usos y costumbres de algunos universitarios de hoy.

En octubre del año pasado decidí incursionar en el mundo de los redactores freelance. Me entusiasmaba el hecho de poder ofrecer mis servicios por internet, ya que al fin y al cabo soy Licenciada en Educación en la especialidad de Lenguaje y Literatura. Y un dinero extra nunca viene mal.  Con ilusión me inscribí en varias plataformas, si bien Workana me parecía la más adecuada para mí. ¿Con qué me encontré? ¡Con personas anónimas que -entre otras lindezas y encubiertas por un pseudónimo- hasta deseaban escribir un libro y lo encargaban al freelancer, para luego hacer creer al mundo entero que eran ellas las merecedoras del Nobel! Pero esto no fue lo peor: ¡También había encargos para trabajos de investigación, con datos estadísticos que expresamente se mandaba inventar y que debían tener tales y cuales conclusiones en contra de... o a favor de...!!!  ¡Me quedé espantada! Reporté este último caso a la plataforma, pero luego de un mes constaté que las cosas no cambiaban, ya que el fulanín que encargaba los inventos para obtener su grado en ¡Educación Especial!!! seguía en las mismas. Consultando luego con mi proveedor de hosting, me dijo que esta práctica es muy común. O sea, que las estadísticas que tenemos para tales o cuales temas -aborto, drogadicción y hasta los efectos de fármacos y tratamientos médicos- pueden ser simplemente inventadas y sesgadas al capricho del contratante. ¿Se imaginan que algo así se acostumbre entre los estudiantes de Arquitectura e Ingeniería??? ¡No quiero ni pensarlo!  Es decir, ya tengo que pensarlo, porque con cada desatino que veo a diestra y siniestra -auténticos atentados contra el Sentido Común- no me queda sino concluir que efectivamente las tareas on line han sido y son moneda corriente también en el sector, y/o que existen constructores e inmobiliarias que dejan sus redes sociales en manos de community managers ignaros en la materia. En aras del marketing estos últimos suelen propugnar barbaridades tales, que en varias ocasiones y por deber moral me he visto obligada a advertir  las consecuencias de los descalabros propuestos, sin ser yo ni arquitecta ni ingeniera. Los que me siguen en Facebook no me dejarán en mentira (2).


2. El Buen Constructor empieza desde abajo.  Así provenga de un segmento social alto, no teme ensuciarse los zapatos ni curtir sus delicadas manos con argamasa y cemento si fuera necesario, aprendiendo in situ cómo aplica lo que le enseñaron en la Universidad. Tratándose de mujeres, su feminidad no es pretexto para hacer ascos y negarse a entrar en obra, guardando la compostura y el decoro ante todo el personal que ahí labora. El Buen Constructor es diligente para adquirir experiencia y no se da ínfulas de ejecutivo junior.  Si actúa como practicante o está recién egresado, no aspira a altos puestos en su primer trabajo, antes bien se gana el derecho a ocuparlos.

¡Ay, lectores míos! ¿Toco médula?

Y valga que saque a relucir una situación harto común; Todos los padres procuran lo mejor para sus hijos. Y a veces creen indispensable que el flamante egresado -sin tener el menor contacto con la praxis profesional- haga una o más maestrías para acumular curriculum. Así, estos jóvenes adquieren un master en no sé qué sin tener conciencia de dónde están parados.  Como docente afirmo que esta moda es un tremendo error y que tratándose de Ingenieros y Arquitectos pasará carísima factura, en especial si se piensa que con ello se llenarán los vacíos de un centro de estudios no idóneo o el de un bajo rendimiento académico. No se puede correr si no se sabe caminar.  El Buen Constructor es consciente de ello y no dudará ni un instante en aprender en el campo y bajo supervisión lo que no aprendió o aprendió mal en las aulas, por mucho que sea el hijito mimado del dueño de la promotora inmobiliaria.  El Buen Constructor refuerza primero los conocimientos fundamentales y  se lanza a la especialización solo si ha adquirido un mínimo de experiencia en el ejercicio activo de su profesión. Y esto es válido para todas las carreras y oficios.


3. El Buen Constructor no limita el aprendizaje a su estricto campo profesional.  Entiende que el rubro de la construcción es multidisciplinar y que, por tanto, tiene aspectos administrativos, legales, tributarios, contables, comerciales... El Buen Constructor no se exime del deber de mantenerse informado sobre tales, en especial si piensa montar su propia empresa.  No invade fueros, pero se informa de lo que es preciso conocer para evitar engaños y hasta desfalcos.

Señores constructores, me temo que lo que viene a continuación a más de uno le va a hacer fruncir el ceño. Pero alguien tiene que decírselos.

¿Recuerdan que en el post Albores y Esplendores del Boom referí el caso del edificio de Urb. Aurora que quedó a medio construir? Según supe, el socio del Arquitecto constructor hizo a este una faena, lo dejó en medio de la calle y con la obra sin concluir.  Casi podría jurar que este buen profesional -que tuvo los pantalones para dar la cara y residir en el edificio, cargando agua hasta su departamento al igual que los otros propietarios- fue víctima de su pensamiento "monodisciplinar". Más claro: Soy arquitecto y no entiendo de papeles ni de balances. Y ocurrió lo que ocurrióSobran comentarios.

Pero ahí no acaba la cosa. En mi experiencia como agente inmobiliaria me ha tocado tratar con diversos empresarios del sector, ya que me he especializado en la venta de inmuebles a bien futuro.  Y he observado en más de uno -de manera especial en los ingenieros (3)- dicha tendencia. No sé qué bloqueo emocional cargan a cuestas, pero el hecho es que rehúyen los temas contables y legales más que a la peste. Convengo que los especialistas del Derecho y la Contabilidad han de desempeñar lo que les es propio, pero he aquí que se advierten yerros que ciertos abogados y contadores no advierten e incluso parecen alentar. Es proverbial, por ejemplo, el problema que tenemos los corredores cuando el constructor se niega a formalizar nuestra intermediación por medio de un convenio escrito, sin que esto signifique necesariamente la intención de no pagar nuestros honorarios. "Así he trabajado siempre", "no acostumbro firmar nada", "podemos pasar la comisión en negro" son frases que mis hermanos y yo hemos escuchado más de una vez, y que nos llevaron a no aceptar la intermediación. ¿Ignora el constructor que la Ley 29080 nos ordena firmar contrato incluso con fecha cierta, y que la SUNAT nos obliga a facturar?  O lo que es peor: ¿No sabe que cada factura significa IGV y pago a cuenta del Impuesto a la Renta en el periodo contable en que fue emitida?  Pues parece que el desconocimiento campea en más de un caso, ya que hay quienes pretenden abonar los honorarios un poquito más tarde, es decir al mes siguiente de dicha emisión. (?????????????) Medidas tan absurdas espantan a los agentes inmobiliarios serios y atrae a los informales como la miel a las hormigas.  "Quien es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho" (4).   Y a la inversa.  Quien no cumple con el corredor en cuestiones tan elementales, ¿cumplirá con el comprador en compromisos de mucho mayor envergadura?  La respuesta cae por su propio peso, con el consecuente retardo en la venta de las unidades inmobiliarias y el paulatino descrédito del negocio. El Buen Constructor no incurre en semejantes prácticas, antes bien descarta usos y costumbres que dañan su prestigio personal y el de su empresa.  Mas para estar sobre aviso, tiene que conocer a fondo los riesgos y peligros que conllevan. Y esto no se aprende de la noche a la mañana.

Señores Arquitectos e Ingenieros, tienen todo mi respeto. Y así lo habrán podido observar en cada artículo de este blog. Y precisamente por estar imbuida en vuestro sector, siento el imperativo de decir a ustedes aquello que tal vez nadie les diga jamás, rogando a todos los santos que mis palabras no sean interpretadas como malquerencia. Algo es innegable: El Buen Constructor no se improvisa, antes bien se hace paso a paso y sin prisas egolátricas.  Hay mucho por hacer en el rubro. Y creo primordial que el Buen Constructor forje carácter e idoneidad desde que pisa las aulas universitarias.

Como es mi costumbre, espero sus amables opiniones en este blog o en Facebook.


Notas aclaratorias:
(1)  En Facebook, en el foro de Ingenieros Civiles del Perú -en el que gentilmente se me permite participar- estos profesionales han señalado al detalle el porqué la caída de tales edificaciones, al tiempo que analizan y ofrecen soluciones para tales y cuales casos. Sería interesante dar más cabida a los INGENIEROS, que son los verdaderos llamados a brindar información sobre estructuras y sistemas antisísmicos.
(2) Botón de muestra: En la publicidad de una constructora norteña se planteaba como novedad las escaleras con ¡peldaños de vidrio!!!  ¡Casi me desmayo de la impresión! Con todo, he de reconocer que la mala praxis de unos no desacredita la honesta labor que efectúan los redactores freelance.
(3) Espero no se tome a mal mi apreciación. Pero es lo que he observado en los ingenieros más que en los arquitectos, al menos en los que he conocido.
(4) Evangelio de San Lucas,  16:20.



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